Acertar al comprar un sofá
Son varios los motivos por los que nos decantamos por un sofá y no por otro, pero a veces tenemos demasiado en cuenta el diseño, colorido y hasta el espacio del que disponemos para ubicarlo, sin percatarnos de otros valores esenciales que priman por encima de éstos. La dureza de los asientos, respaldo y del tipo de relleno marcará al 100% la comodidad del sofá; descarta los modelos que se hallen en ambos extremos. Generalmente se rellenan de gomaespuma, espuma o pluma, ésta última es bastante más cara, pero siempre resulta más cómoda por ser suave, firme y por recuperar su volumen con facilidad.

En cuanto a su estructura, debe ser consistente y sólida, siendo las de madera las de mejor calidad, especialmente de pino y haya. Una manera de saber si la madera es maciza, es comprobar el peso levantando el sofá por un solo extremo (mejor cuanto más pese). Las estructuras metálicas también son muy resistentes, pero resultan más caras. Para evitar que el sofá ceda por el centro, infórmate si el bastidor es de muelles, encarece algo el producto pero de ahí saldrá su duración. Del mismo modo, ten en cuenta que las patas que están unidas a la estructura son más duraderas que las atornilladas.

En lo que a comodidad se refiere, no mires sólo el momento de deslizarte en él, piensa que a la larga, una mala postura puede dañarte las cervicales y/o ocasionarte lumbalgias. Por ello, debes tener en cuenta que, al sentarte, tus rodillas nunca queden a una altura superior a las caderas; y que el respaldo no sea demasiado bajo, lo ideal sería entre 85 y 95 cm. La altura ideal para el reposabrazos es aquella que contribuya a la alineación con los codos, nunca más abajo. A partir de ahí, elegir diseño y tapicería depende del gusto de cada persona.