Aislar tu hogar de las temperaturas exteriores
Los meses de invierno son los que más nos hacen asemejar todas las cosas que debemos corregir en casa: rendijas por las que se cuela el frío, calefactores que no funcionan… y también estructuras que nos hacen sentir poco protegidos de las bajas temperaturas exteriores.

Para conseguir hacer de tu casa un lugar más cálido y confortable debes aislar térmicamente paredes, techos y suelos. Eso sí, debes escoger aquellos materiales que más se adecúen a tus necesidades y que principalmente sean capaces de resistir al frío, al calor y a la humedad, que sean resistente a los parásitos y que además sirvan como buenos aislantes acústicos para fomentar el hogar acogedor que buscábamos.

Algunos de los más utilizados y eficaces son los aislantes hechos a base de lana de vidrio o de lana mineral que a menudo están revestidos por una tela de aluminio. Puedes conseguirlo en paneles o bien en rollos.

Para las paredes suelen utilizarse sistemas ‘secos’ como el pladur, la inyección de espuma aislante o los revestimientos de caucho o policloruro de vinilo, también conocido como PVC.

Las ventanas son, sin embargo, el elemento que más influye en la entrada y salida de las temperaturas en el hogar. Si tienes que hacer una reforma y cambiarlas, los mejores sistemas son las batientes por su cierre y también las dobles ventanas de cristales gordos de hasta 4 milímetros. Si no puedes llevar a cabo la reforma en este momento, como mínimo reduce la entrada de frío tapando las rendijas que quedan en los extremos de las ventanas de menor calidad o las más antiguas.

Los materiales que más aíslan térmicamente la vivienda son el parquet y el corcho. Existen suelos de parquet preparados para la humedad y el ruido e incluso algunos bajo los que se ubica la calefacción de la casa conocidos como suelo radiante. Un recurso muy utilizado en algunos países europeos es el suelo de moqueta, muy calentito para el invierno pero de un mantenimiento demasiado continuo.

Aislar tu vivienda no sólo servirá para conseguir un hogar más cálido y confortable, sino también a conseguir que debas recurrir menos a la calefacción y por tanto tener un consumo inferior que se notará a final de mes en la factura.