Cómo deben ser las camas infantiles y juveniles
A la hora amueblar y decorar una habitación para los más pequeños de la casa, todos los padres buscan las mejores opciones posibles, ya que su principal objetivo es que sus hijos crezcan rodeados del mejor ambiente posible. Elegir los muebles y el resto de elementos decorativos para esta estancia es muy importante. Uno de los aspectos clave es la cama, que deberá darles un descanso seguro y placentero a los niños.

Durante los primeros meses de vida, lo normal es que el bebé duerma en un moisés, que es más pequeño que una cuna. Lo recomendable es que mida cómo mínimo 75 cm de largo. Si se trata de un canasto de mimbre, deberá ir forrado por dentro con un material acolchado. Además, deberá ir apoyado sobre una buena base. El colchón debe ser firme.

Cómo deben ser las camas infantiles y juveniles
A partir de los cinco meses aproximadamente, cambiarás el moisés por la cuna, que deberá tener barandas estables y con seguros que puedan subirse o bajarse. El espacio entre los barrotes no puede superar los siete centímetros ni ser inferior a seis. Lo ideal es que escojas un modelo que se adapte al crecimiento del niño para que no tengas que cambiar la cama en cada etapa. El colchón debe ser firme, de buena calidad y apropiado para esta etapa de la vida. Además, la estructura de la cuna debe ser sólida y fabricada con buenos materiales.

Cómo deben ser las camas infantiles y juveniles
La elección de las camas juveniles, que acompañarán al niño hasta la adolescencia, dependerá de las condiciones familiares y del espacio disponible. En muchas ocasiones, cuando las familias tienen más de un hijo, optan por las literas, aunque a menudo pueden llegar a ser peligrosas. Por eso, tienen que tenerse en cuenta algunos aspectos, como la altura máxima, que deberá ser de 1,70 metros, o el espacio libre entre camas, que no tiene que ser inferior a 90 centímetros.

Cómo deben ser las camas infantiles y juveniles