Cuidar la ropa blanca de casa
Cuando hablamos de la decoración del hogar, es muy posible que en algún momento salga a relucir el tema del colorido, puesto que es importantísimo por diversas causas. Además, si esta mención la hacemos con el ánimo de otorgar a una estancia una sensación de mayor luminosidad y amplitud, el color blanco es el que más se nombra por ser el mejor para lograr estos efectos. Podemos referirnos a él tanto para revestir suelos y paredes, como para mobiliario, y también para el menaje.

En este último sentido es cuando nos podemos encontrar con números problemas o contratiempos, ya que es muy difícil conseguir que la ropa blanca de casa conserve siempre el llamado “blanco nuclear”. Esto ocurre porque es un color poco sufrido que enseguida coge, sino manchas, sí una especie de sombra que le resta encanto. También es importante partir de la base de que hay diferentes tonalidades de blancos y que en muchas ocasiones hay tejidos que nunca alcanzarán el nuclear.

En este sentido es un dato muy importante a tener en cuenta, puesto que un blanco aparentemente bonito puede verse muy deslucido al lado de otro más luminoso. En cualquier caso, hay que tener un par de conceptos claros a la hora de cuidar la ropa blanca de casa. En primer lugar y de un modo totalmente imprescindible, nunca mezcles ropa blanca y de color. Ni siquiera utilizando geles especiales ni bolsitas de esas que absorben colores. Estos productos son buenos sólo para casos de prendas combinadas.

Lava siempre en agua caliente (40º) y con suavizante. No utilices lejía, puesto que siempre acaba por amarillear y desgastando el tejido. La lejía es un último recurso para salvar una pieza que ha sufrido algún accidente, y no para utilizarla de un modo habitual. Si te ves en la necesidad de usarla, lava en las últimas horas del día para poder tender a la sombra y evitar que le dé el sol. La ropa blanca que ha sido lavada con lejía jamás puede estar al clareo.