El rústico, un estilo que no pasa de moda
Últimamente, las nuevas tendencias en la decoración del hogar acostumbran a buscar estilos modernos, minimalistas o con colores estrambóticos, por ejemplo. Sin embargo, cuando pensamos en una casa de campo acogedora, una masía en la que relajarnos o un hotel rural en el que alojarnos en una fría noche de invierno junto a la chimenea, nuestro ideal no es ninguno de estos estilos, sino en el siempre acogedor estilo rústico.

Llevamos viendo este estilo décadas y décadas y, sin embargo, sigue siendo para nosotros todo un símbolo de calidez, de tranquilidad, de hogar…es un toque auténtico, único, que huye de las nuevas tendencias modernas, pero que a la vez nunca ha pasado de moda, y que permite una gran libertad a la hora de escoger la decoración.

Los muebles están hechos generalmente de pino (barnizado) por la robustez y la consistencia del material, y los elementos más característicos son la mesa, influenciada por las mesas de los años 40, y las estanterías y cajoneras, generalmente muebles robustos y cómodos. A la hora de escoger los muebles, debemos evitar, por supuesto, buscar aquellos prefabricados, que romperían con la sensación de tranquilidad y humanidad que queremos conseguir.

Para los elementos decorativos como lámparas o cabeceros, aunque también como complemento en los muebles, también se pueden utilizar materiales cono el barro, la piedra, o las fibras naturales, que además conseguien un efecto agradable a la vista y ayudan a romper la monotonía. Utiliza colores naturales como los tonos tierra, azules, verdes o amarillos para la decoración.

A la hora de integrar otros elementos de decoración, debes tener en cuenta que un estilo de tal personalidad puede chocar demasiado fuertemente con otros estilos, por lo que en pocos casos resultará positivo mezclar este tipo de decoración con, por ejemplo, otros elementos más modernos como la mayoría de vinilos o el papel pintado para la pared (ya decimos que depende de cómo sea cada uno en concreto). Una buena opción es colgar pinturas de motivos como la naturaleza, paisajes y, en general, la vida al aire libre.

Otros complementos ideales son aquellos que pueden parecer más básicos o primitivos, como sencillos edredones, coquetos cestos de mimbre, vajillas de cerámica o barro rústicas, alfombras y cortinas más bien sencillas, elementos decorativos que evoquen la naturaleza y nos hagan volver a otros tiempos, ayudando así a desconectar del presente.

Todas las estancias de la casa deberán seguir todas la misma tónica sin cambiar demasiado el estilo, pero puedes dar, por ejemplo, un toque a la habitación con estructuras hechas con hierro forjado.