Evitar excesos en la decoración
Nuestro hogar ha de ser siempre un lugar placentero en el que nos sintamos a gusto y que también refleje parte de nuestra personalidad, incluso decorándolo con ideas y souvenirs que vayamos adquiriendo a lo largo de nuestra vida, viajes y experiencias. Todo ello conformará el entorno ideal para convertir un piso frío y vacío en un verdadero hogar, donde sepas aprovechar cada rincón para que siempre hable de ti.

Todo este concepto es esencial tomarlo en la justa medida ya que una decoración excesiva y recargada puede resultar muy cansina para ti misma con el paso del tiempo, así como extremadamente estridente e incómoda para las personas que te visitan con cierta asiduidad. Está claro que hay gente que es muy excesiva en todos los aspectos de su vida, desde la vestimenta hasta sus gestos y expresiones, por lo que a veces nos encontramos una decoración como la que hoy te muestro en la fotografía.

En ella podemos ver como una casa antigua se sostiene con su suelo original en mader, paredes empapeladas y cómodas y otro tipo de muebles que resultan muy acordes al continente y la estructura de la edificación. Mirando pasillo adelante vemos como el mobiliario se combina de un modo exquisito, tanto en colorido como en diseño, algo de lo que yo siempre soy partidaria, pues otorga mucha personalidad a una estancia.

El problema nos lo encontramos en el primer plano, en el que podemos ver lo recargante que resulta ver ese diván empotrado contra una pared cubierta a modo de dosel, creado por unas enormes cortinas y que en mí sólo produce una fóbica sensación de ahogo. Por si esto no fuera suficiente, la mesilla también cuenta con un considerable exceso de tela, como excesivas son también las lámparas, cojines y todo el resultado final de esta incomprensible idea.