Guía para pintar la casa tú mismo/a

Si pagar los servicios de pintores profesionales se te va de presupuesto para hacer ese lavado de cara que tanto necesita tu casa (o simplemente, cambiar el color de sus muros), con esta guía te ayudamos a explicarte el proceso completo paso por paso para que consigas los mejores resultados y puedas ahorrar unos euros haciéndolo tú mismo/a.

En primer lugar, debemos saber que es mucho más sencillo pintar una casa vacía (a la que vamos a entrar a vivir) que renovar la que ya tenemos, ya que tendrás que contar, en este segundo caso, con un trabajo extra en cuanto a mover los muebles y cubrirlos para evitar que se manchen. De hecho, la mayor desventaja de pintar es que mancha muchísimo, especialmente si no somos profesionales. Te recomendamos, antes de ponerte manos a la obra, calcular bien el precio que tendrás que invertir en todos los materiales necesarios, para poder decidir si te compensa o no hacerlo tú solo/a, aunque, por lo general y más aún con una serie de truquitos que vamos a ofrecerte, el ahorro económico es muy significativo.

Los materiales

Para pintar una habitación (o la casa entera) necesitarás:

– Plásticos especiales para cubrir muebles y suelos. El coste de cada uno de estos paquetes que incluyen como 20 fragmentos de plásticos suele oscilar en torno a 3 euros en las tiendas de bricolaje. Para que te hagas una idea, cada uno de los fragmentos te servirá para cubrir un mueble mediano (una mesa, una lavadora…) y para el suelo de una habitación mediana necesitarás 3 ó 4.

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– Periódicos viejos, que puedes ir recolectando desde ya para usarlos después. Nos servirán para cubrir áreas determinadas del suelo, como por ejemplo aquellos rincones a los que no lleguen los plásticos. No te recomendamos usarlos por todo el suelo, pues son más incómodos, se calan cuando les cae agua, se estropean en seguida y tienes más posibilidades de que se manche el suelo que con los plásticos. Además, si tu casa tiene rodapiés no sirve para protegerlos.

– Cinta de carrocero. Suele ser muy barata, un rollo cuesta 1 ó 2 euros. Nos sirve para cubrir enchufes, interruptores, las jambas de la puerta, los marcos de las ventanas, para delimitar colores si quieres pintar una habitación bicolor y para proteger los rodapiés.

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– Un pincel, un rodillo pequeño y, al menos, uno grande. Los precios oscilan, pero venden kits completos por unos 12 euros, aunque también puedes pedírselos prestados a tus conocidos, que probablemente tengan. El pincel te servirá para las esquinas y las áreas cercanas a los interruptores, el rodillo pequeño para los recovecos y el grande es el que te permitirá pintar la pared con más rapidez.

pintando

– Una escalera, para pintar las áreas superiores de la pared y el techo, si realmente crees que es necesario (el techo no suele ensuciarse y es lo más complicado de pintar). Seguro que alguno de tus vecinos o conocidos puede prestarte una.

– Disolvente o aguarrás para limpiar los rodillos y los restos de pintura sobre el suelo. Si lo cubres bien y lavas los rodillos con agua caliente inmediatemente después de usarlos, quizá no sea necesario. Cuesta unos 3 ó 4 euros.

– Un palo de una escoba, para enroscar el rodillo grande y permitirte pintar con facilidad las zonas más altas de la pared. Su precio son 2 euros, si no tienes ya escoba o fregona.

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– Un escurridor de pintura para poner encima del cubo de pintura. De lo contrario, el rodillo quedaría demasiado mojado, desperdiciaríamos pintura y nos pondríamos perdidos, además que es muy probable que la pintura acabe quedando mal. Es simplemente un aparato de plástico que suele venir en los kits del rodillo y que vale entre 1 y 3 euros.

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– La pintura. Es muy importante que compres una pintura que te guste y te dé buenos resultados. Quizá podemos aprovechar algunos botes que ya tenemos de anteriores ocasiones. Recomendamos no escatimar en este punto y elegir una pintura espesa que ya venga lista para abrir y pintar, de las que sólo hace falta dar una capa para dejar la pared perfecta, de lo contrario el trabajo sería el doble de duro. La pintura blanca es un poco más barata que la de colores. Un bote de pintura blanco brillante buena para una casa de 90 metros cuadrados cuesta alrededor de 40-50 euros, para color puede costar 20 ó 30 euros más. Sobre el bote de pintura están indicados los metros cuadrados que podrás pintar con ella, aunque siempre calcula un poquito más para evitar quedarnos cortos.

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– Si tu pared tiene agujeros, quizá también necesitarías una pasta especial para tapar agujeros (2 euros) y una espátula para quitar los restos.

Una vez que tenemos todos estos materiales (como ves, en total el coste no es muy elevado), podemos empezar a disponer todo para que nuestra casa parezca como nueva. Antes de ir a la tienda de bricolaje, no olvides llamar a tus contactos más cercanos. Seguramente, muchos de ellos puedan dejarte herramientas como los rodillos, la espátula, el escurridor… y quizá les sobró suficiente pintura para que tú puedas pintar tu casa. Si estás pensando en un color especial, en las tiendas de bricolaje conseguirás encontrar el tono perfecto que tu habitación o salón están pidiendo a gritos.

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Los amigos también pueden ayudarte a pintar para que el proceso no se te haga demasiado fatigoso. ¡Será mucho más rápido y divertido hacerlo entre todos! Pregunta quién está disponible, compra una caja de cervezas o refrigerios y, entre todos, haréis que en un solo fin de semana puedas tenerlo todo listo (o en un sólo día, si sois muchos y tu casa es de un tamaño normal).

Antes de pintar: preparar todo

Esta parte es la más aburrida y dura, pero también la más necesaria. Si tienes muchos muebles, tendrás que sacarlos de la habitación (moverlos a otra habitación que no vayas a pintar de momento o bajarlos al trastero o bien situarlos en el centro de la habitación si esta es lo suficientemente espaciosa). Si son muy pesados, retíralos todo lo que puedas de la pared y cúbrelos bien con los plásticos.

Una vez que tenemos todos nuestros muebles suficientemente protegidos o, mejor aún, fuera de la habitación, pasaremos a cubrir con la cinta de carrocero todos los enchufes, interruptores y telefonillos, así como cualquier cosa que tengas pegada a la pared y no pueda quitarse. Tienen que estar totalmente cubiertos, de tal manera que, aunque pasaras por encima un rodillo lleno de pintura, no se mancharían. Repetimos el proceso con las jambas de las puertas, las ventanas y todos los bordes a los que no queremos que pase pintura.

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Si queremos pintar una sola habitación de dos colores, con mucha precisión (y quizá con la ayuda de la escalera) situaremos un trozo de cinta de carrocero entre una pared y otra. Lo hacemos de la siguiente forma: pegamos bien a la parte superior los primeros cinco centímetros de la cinta, sacamos toda la cinta que podamos (sin evitar que se pegue o arrugue), estiramos y pegamos bien a la parte inferior, aprovechando su verticalidad. Repasamos después.

Después, desplegaremos el plástico y lo extenderemos por el suelo de la habitación lo máximo que podamos, dejando sus bordes cercanos a los lados de la habitación (a los rodapies si los hubiera). Una vez estirado, colocamos cinta de carrocero en paralelo al suelo justo en la parte que hay entre la pared y el rodapiés. Con el mismo método explicado antes, protegemos todo el lado de esa habitación y aprovechamos la parte de la cinta que está en el aire (sin pegar aún) para fijar con ella los bordes del plástico. Puede parecer complicado, pero, una vez que lo hayamos hecho dos veces, es muy sencillo. Es un proceso aburrido y quizá largo, si tenemos una casa muy grande, pero nada difícil.

Una vez tenemos todo convenientemente protegido y ya nada pueda mancharse, tenemos que asegurarnos de protegernos nosotros. Eso quiere decir que, antes de abrir el bote de pintura, tus amigos y tú tenéis que vestiros con ropa vieja, incluso inservible, pues lo más normal es que acabe llena de pintura. Si no quieres arruinar tus zapatillas nuevas de deporte, te recomendamos ponerte esas chanclas no muy bonitas que una vez compraste en el Todo a Cien. Y si tenemos un mono de trabajo, ¡mucho mejor!

¡A pintar!

A estas alturas, ya sabrás de qué color quieres pintar cada pared. Empieza por el blanco para acabar después por el color. El primer paso lo daremos con el pincel, así además, nos iremos familiarizando con el arte de pintar.

Escurre bien el pincel y pinta las partes más delicadas y los recovecos a los que los rodillos no lleguen. La parte inferior de la pared, la superior (si pintas de color, te recomendamos poner otra cinta para delimitar entre la pared y el techo, pues es muy posible que un brochazo vaya a parar donde no debe) y los alrededores de los interruptores.

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Después, es el turno del rodillo pequeño, con el que puedes completar esas áreas pequeñas, abarcando un espacio mayor. Los profesionales recomiendan pintar siempre en una misma dirección.

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Una vez que sólo nos quedan los “huecos sin pintar” la pared (casi la totalidad de la misma), usaremos el rodillo grande para pintar de un extremo a otro y siempre de arriba a abajo.

Con el palo de la escoba, podrás pintar las partes altas de la pared y, si la habitación está vacía y no chocas con ningún mueble, te servirá para hacerlo de arriba a abajo. La escalera sólo es útil para el techo y para rellenar pequeños huecos con el pincel en las áreas superiores.

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Si has decidido dar color a una o varias paredes, verás que no queda uniforme en un principio, ya que parece que el color es mucho más oscuro en un lugar que en otro. ¡No te asustes! Si lo hemos hecho adecuadamente, cuando se seque veremos cómo el color ha cogido el mismo tono. Tampoco te preocupes si el color resulta muy oscuro cuando la pintura está húmeda; al secarse pierde varios tonos.

Limpieza y puesta a punto

Si hemos usado una buena pintura, con una capa será suficiente para cumplir nuestra misión. Deja secar al menos una noche y no olvides ventilar bien durante y después del proceso para que la casa no huela demasiado a pintura.

Una vez todo esté seco y terminado, retiraremos los plásticos y la cinta de carrocero, así como lo que hayamos usado para proteger los muebles. Después, sólo queda barrer bien o pasar una aspiradora y fregar con agua caliente y un jabón especial para nuestro tipo de suelo (o un chorrito de vinagre y aceites aromáticos, para darle un extra de brillo, especialmente si tenemos parqué o laminado).

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Es muy posible -especialmente, si es la primera vez que pintamos- que se nos haya “colado” algún goterón de pintura en el suelo o sobre los rodapiés. Para ello necesitamos el aguarrás, que podemos aplicarlo sobre una bayeta o sobre el suelo en pequeña cantidad y frotar levemente para retirar las manchas. No estará de más pasar un trapo húmedo por puertas o ventanas para eliminar el polvo.

nina pinta

Una vez hecho esto -ya verás como con buen humor y quizá un poco de ayuda, no es un proceso tan duro como lo pintan- tendrás tu casa recién pintada con un presupuesto mínimo.