La iluminación en la cocina
La cocina es uno de los lugares de la casa que precisan mejor iluminación, no por sólo una cuestión estética sino también práctica, y es que es una de las estancias en las que se realiza uno de los trabajos más importantes de la casa: la manipulación de alimentos y la preparación de la comida.

Debes adecuarla teniendo en cuenta dos cosas: la primera es iluminar para trabajar adecuadamente, y la segunda es aportar una luz que no dé calor al que trabaje en ella y que a la vez no consuma demasiado, pues estará mucho tiempo encendida.

Precisamente por esto último hay que contar con una luz general bastante potente y con otras específicas para cada lugar de trabajo. Para la general lo más práctico y habitual es utilizar focos alógenos, fluorescentes o luces de bajo consumo, que deberás distribuir por el techo.

La encimera, la campana extractora, la despensa o la mesa (si es que tu cocina tiene) son los lugares que requieren más concentración y una visión perfecta, por lo que en ellas se deben evitar las sombras y los destellos y establecer una iluminación directa.

En áreas de trabajo como la zona de cocción o la de preparación de alimentos es aconsejable utilizar linestas de entre 40 y 60 w, mientras que en las despensas y armarios es preferible utilizar ojos de buey e incluso focos flexibles que te permitan iluminar a tu gusto.

Para la zona de comer basta con una lámpara del techo que ilumine la zona en general. Eso sí, teniendo en cuenta que en la cocina se acumula la suciedad, más vale que compres una de cristal o acero. No la acerques demasiado a la mesa, pues una luz muy cercana o directa podría resultar incómoda para la vista.