Limpieza y brillo en tus azulejos
Hace unos días te hablaba de lo último en recubrimientos cerámicos, y de la gran tendencia en la decoración actual para volver a revestir las paredes de cocinas y baños con este material. En esa ocasión resaltaba las virtudes de los azulejos actuales en cuanto a diseños, formas, labrados y coloridos. Hoy quisiera destacar otra de sus grandes virtudes: el brillo.

Parte de la gran belleza que ofrece la cerámica en la decoración de interiores viene dada del brillo que otorga y del cual debes ocuparte posteriormente para su mantenimiento y poder de atracción. Considero que a este respecto cabría destacar dos puntos: la elección propia del azulejo y los métodos de limpieza que posteriormente emplees.

En cuanto al primer punto, es cuestión de asesorarse en las tiendas especializadas, pregunta por firmas que tengan en catálogo azulejos tratados con una técnica que los provee de una superficie esmaltada en mate, puesto que el brillo que otorgan es realmente asombroso, hasta el punto de que su impecable estética los está llevando a ser colocados también en suelos. Sus ventajas más destacables son una indudable calidad, un precio interesante y una fácil instalación. Si a todo esto le añadimos la simplicidad en su mantenimiento… seguro que no te lo pensarás, aunque un poquito de caso sí que tienes que hacerles.

Para mantener el brillo en tus azulejos cuando están recién instalados, conviene limpiar primero con un trapo seco y después con otro con aguarrás, de este modo, te asegurarás estar retirando todo excedente que, a simple vista, no puedas detectar. Para limpiezas posteriores, aplica un limpiador específico cremoso en un paño suave (nunca directamente sobre el azulejo) y úsalo con movimientos ascendentes y descendentes (no circulares), a continuación, enjuaga con una mezcla de agua caliente y vinagre blanco de alcohol, por último, seca con un trapo limpio y presume de azulejos impecables y brillantes.