Tipos de suelos vinílicos
Hace poco os dimos a conocer qué era un suelo de vinilo y también os dimos algunos prácticos consejos acerca de cómo colocarlo.

Por si no lo recuerdas, esta clase de suelos se adhieren en tu suelo con cola o de forma autoadhesiva, por lo que además de ser muy estéticos, duraderos y resistentes son también sumamente fáciles de colocar. Además, es una de las soluciones más económicas para reformar el suelo de cualquier estancia de tu hogar.

Sin embargo, como también vimos existen tantas variedades de suelos vinílicos como se nos puedan ocurrir, y es que la superficie no es más que una imagen de imitación (de altísima calidad, eso sí). Precisamente por ello deberemos encontrar cuál es el diseño que más conviene a cada espacio de nuestro hogar ya sea por sus características técnicas (resistencia, limpieza, flexibilidad, etc.) o por las estéticas.

En cuanto a las técnicas, puedes conseguir los suelos vinílicos en rollo o en mosaicos, siendo estos últimos los más fáciles de instalar.

El uso de la estancia en la que vayamos a instalarlo condicionará en gran medida el acabado que precisa: Para los ambientes poco concurridos lo mejor será el vinilo no encerable, pero para los más habitualmente utilizados lo mejor es el uretano e incluso el uretano reforzado, más resistente a las rozaduras y también más fácil de limpiar.

En cuanto al efecto visual de imitación de materiales o de motivos decorativos (piedra, madera, mármol, dibujos, etc.), el suelo vinílico puede tener dos acabados: Taraceado o impreso. El taraceado tiene se forma a partir de una serie de granitos que lo hacen de lo más vistoso mientras que el de impresión consiste en una imagen lisa impresa sobre una superficie directamente.